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Luis Vargas, agente de aduana: Un camino recorrido peldaño a peldaño

La trayectoria de Luis Vargas, agente de aduana, se ajusta perfectamente a lo que en inglés llaman un “self-made man”, y que se relataría como una historia de puro esfuerzo y dedicación.

Egresado de la educación media como agente de ventas, su vida laboral partió como aseador en una universidad y peoneta, recién comenzada la década de los ´80 en Santiago. Al tiempo un amigo lo recomendó en la Agencia de Aduana de Norman Goudie, donde entró como junior, dando un paso que marcó su destino.  

“Me encantó el trabajo, andaba en la calle y hacía todo muy rápido, no me demoraba nada en hacer los trámites y volvía a la oficina. Como me gustó el movimiento y lo que se hacía en la agencia, me dediqué a observar, a leer y aprender”, cuenta.

Incluso recuerda que recogía las páginas de notas explicativas que se desechaban por las modificaciones de libros y compendios de normas, para estudiarlas y aprender de ese mundo que lo cautivó a primera vista.

Entre su pololeo con quien se convirtió en su esposa, Marcela Salinas, y su pasión por el fútbol, deporte que practicaba regularmente, encontró tiempo para estudiar todo lo que caía en sus manos y así ir avanzando en su trabajo. De esta forma se convirtió en tipeador y tramitador, conociendo al revés y al derecho cada formulario y documento. “Me encantaban las clasificaciones  arancelarias, me conocía todas las partidas de los repuestos de autos sin saber lo que eran”.

Llegó 1985 y se produjo una vacante de pedidor en la agencia, para la cual estuvo plenamente dispuesto aunque no parecía adecuado por ser muy joven para el puesto, que tradicionalmente desempeñaban personas con mayor experiencia. Su jefa de entonces, Vivian Goudie, hija de Norman, comenzó la búsqueda de alguien que ocupara la vacante, pero las buenas relaciones que Luis había cultivado en todas partes le abrieron la oportunidad, y sus conocidos en la CAP, empresa con la que tenía una estrecha relación de trabajo, intercedieron a su favor. Así, fue nombrado pedidor a los 26 años, todo un logro.

Como era su costumbre, “trabajé mucho, me dediqué a aprender porque no quería soltar ese puesto”. Con la seguridad que le dio ese avance, en 1986 se casó y comenzó una familia que completaron 4 hijas.

Luis junto a su familia.

En 1995 renunció a la agencia y se dedicó a ofrecer asesorías, aunque reconoce que el primer año le fue muy mal y que luego fue remontando. Retomó los estudios formales para completar la exigencia que se hacía para postular a ser agente de aduana, y nuevamente se destacó. Sus profesores lo invitaron a hacer clases y estuvo durante 3 años enseñando sobre normas aduaneras en Inacap.

Exponiendo en seminario de Depósitos Francos Aeronáuticos.

En el camino postuló al nombramiento como agente y le fue mal, lo intentó una segunda vez y tampoco fue fácil: no alcanzó el puntaje requerido pero apeló con la ayuda de un abogado de la Cámara Aduanera y logró que se le reconociera una importante cantidad de puntaje que le permitió alcanzar la meta. Así, en 2003 fue nombrado agente de aduana y abrió su propia agencia, la que hoy en día emplea a 20 personas.

En 2013, la Cámara Aduanera lo nombró delegado ante la Aduana Metropolitana, y en ese rol participa activamente y con mucho entusiasmo en la Mesa Público Privada de Comercio Exterior con el Servicio Nacional de Aduanas y otras organizaciones. Sobre este aspecto agrega que “me encanta la labor gremial, siempre llevo propuestas nuevas, la Cámara Aduanera coopera mucho, los mismos colegas me dan ideas para presentar”.

Hace 7 años que es delegado de la Cámara Aduanera ante la Mesa Público Privada de la Aduana Metropolitana.

Agradece a su familia el apoyo durante tantos años de trabajar hasta tarde y desaparecer un par de horas los fines de semana para jugar fútbol. Sus hijas le dieron la satisfacción de convertirse en profesionales: Marcela y María Teresa trabajan con él, María José es antropóloga y su gran pena es la pérdida de su hija menor Carla, quien falleció en 2018 tras una larga enfermedad.

Se siente orgulloso de contar que solo una persona está con suspensión de contrato en su agencia y será reincorporada en agosto, y que la mayoría de los colaboradores está con teletrabajo, aunque dos funcionarios que deben salir a terreno se contagiaron con el coronavirus y, afortunadamente, no tuvieron complicaciones y ya se recuperaron. Es el sacrificio de un trabajo que no se detiene, dice.

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