Nuestros socios

Vanessa Vargas, agente de aduana: De la medicina veterinaria al comercio exterior

Los planes de Vanessa Vargas andaban muy lejos del comercio exterior cuando le tocó decidir sobre su futuro, puesto que optó por seguir su vocación de amor por los animales y estudió medicina veterinaria, profesión que ejerció durante algún tiempo.

Pero el área era conocida para ella a través de su papá, Mario Vargas Terrazas, agente de aduana por alrededor de 38 años, con oficinas en Santiago, San Antonio, Valparaíso y Los Andes. La idea de que su agencia se cerraría cuando él ya no pudiera estar a cargo la convenció de dar un golpe de timón y entró a estudiar comercio exterior.

Trabajó alrededor de 10 años en la agencia de su padre en atención de clientes, desde 2006, hasta que, diez días antes que él falleciera, dio el examen para convertirse en agente de aduana, recibiendo la resolución en 2017.

“Cuando di el examen no teníamos sociedad, por lo que tuve que cerrar la agencia y partir sola, de cero. Ahí empecé a hacerlo todo yo: sacar carga, facturar, cobrar, todo. Me metí más de lleno en la parte de tramitación de los despachos, la carga en los puertos y atención a clientes, me tuve que multiplicar”, recuerda.

Así partió Agencia de Aduanas Vanessa Vargas, con sede en el área del aeropuerto de Santiago,  trabajando con su marido, Gonzalo Chamorro, y un pedidor. “De a poco fui avanzando, no quise contratar personas si no iba a poder pagarles el sueldo, por eso partí sola, aperrando, y en tres años ya tengo personal contratado. De todas maneras sigo haciendo de todo: despacho, veo la normativa, atención a clientes, saco carga en el aeropuerto y el puerto de San Antonio, aunque esa parte la he ido dejando un poco pero lo hago, porque me gusta estar donde las balas suenan, porque el que no sabe hacer, no sabe mandar”.

Ser veterinaria ha sido un plus en su trabajo porque le ayuda en las tramitaciones con el SAG. También dice que su formación en el área de la salud le ha servido para estar muy al tanto y pendiente de las medidas sanitarias para cuidarse y proteger la salud de sus colaboradores en medio de la pandemia, consiguiendo que hasta ahora nadie se haya contagiado.

Comenta que aprendió a amar el comercio exterior, y más en la actualidad en que “se ha facilitado mucho porque, cuando mi papá era agente, las cosas no eran como ahora, la tecnología no ayudaba y era todo manual. Mi papá de repente llegaba a las 3 o 4 de la mañana porque las declaraciones se hacían en máquina de escribir, en cambio ahora yo puedo trabajar desde la casa. Las cosas han ido cambiando para mejor y la verdad es que es bien movido este tema del comercio exterior”.

Comenta que con algunos clientes ha disminuido el trabajo producto de la pandemia, principalmente aquellos del rubro alimentos, que pusieron la importación en compás de espera; y otros que han aumentado su actividad, del área de la construcción.

La asesoría a los clientes es el aspecto que más le gusta de su trabajo, “poder ayudarlos cuando no saben cómo se importa y los procesos que tienen que cumplir”. La mayoría de ellos son pequeñas y medianas empresas, donde este aspecto resulta crucial.

Desde 2019 que es socia de la Cámara Aduanera, y valora mucho el apoyo y trabajo que realiza el organismo. “Antes de ser agente hice el diplomado de CAMCAP y la Universidad Católica de Valparaíso, mi papá siempre fue socio y trabajando con él hice varios cursos, porque es muy importante estar al día en este trabajo. Quedarse atrás es la muerte del agente de aduana”, concluye.

Vanessa continúa trabajando con su marido, y tiene dos hijos: la mayor estudia ingeniería comercial y el más pequeño que tiene 7 años.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *