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Miriam Olivares Irribarren, agente de aduana: Una carrera forjada paso a paso

Con cariño y agradecimiento recuerda Miriam Olivares a su profesor Pedro Oyarzun Ilabaca, quien la motivó a dar su mejor esfuerzo en la carrera de Técnico en Comercio Exterior que estudió en Iquique, en los inicios de esta trayectoria. “Es muy importante el hecho de que las personas crean en ti”, dice la agente de aduana que con el correr de los años emigró a Santiago, donde hoy tiene su agencia con cerca de 40 colaboradores.

A días de egresar de su carrera y con el respaldo de su profesor, entró a trabajar en una agencia de aduana en Iquique, hace ya 35 años. En su caso, convertirse en agente de aduana fue una aspiración que se fue formando con el tiempo y la experiencia, porque nadie de su familia se dedicaba al comercio exterior y por tanto no era un área base de conocimiento para ella.

A través de su carrera ha visto transformarse el sector, tanto en la forma de hacer las cosas, pasando de una tramitación y procedimientos manuales, en papel y con presencia física, a la transformación digital de hoy, acelerada por la pandemia, apoyada por la disposición de las autoridades aduaneras en los cambios que la industria ha requerido.

Cuenta que en los primeros tiempos de trabajo le tocaron largas jornadas y amanecidas en el puerto, una época en que fue un desafío compatibilizar esta labor con su importante rol de madre. “Ahora que soy agente de aduana puedo decir con propiedad que he hecho todo el trabajo, en cada aspecto del servicio, entiendo lo que significa cuando le digo a alguien que vaya a ver un aforo, que vaya al puerto, de un almacén a otro, lo que tiene que caminar, entiendo todo lo que tiene que pasar porque lo he vivido. Eso me hace más sensible como empleadora y para entender al cliente; en el fondo, me ha dado una visión más amplia”, expresa.

Llegó a Santiago en 1996, trasladándose también en la agencia en que se desempeñaba. En la capital pasó varios años ejerciendo labores de la agencia en el aeropuerto. Pasó luego a la agencia de Jorge Stein, donde lideró proyectos para grandes empresas, lo que le entregó una valiosa experiencia. Desde ahí pasó a una sociedad de agentes de aduana; en el camino se abrió la postulación para convertirse en agente, meta que logró en 2011.

El 2014 se independizó y abrió su propia agencia en Santiago, con su casa matriz en Providencia y  oficinas propias en Aeropuerto, Valparaíso, San Antonio, Los Andes, Iquique y Antofagasta. “Si lo miro ahora parece increíble, porque esto ha sido un gran trabajo, profesionalismo, mucho esfuerzo y estar rodeada de grandes profesionales que han trabajado a la par conmigo”.

Afirma que, si le hubieran preguntado hace algún tiempo, hubiera asegurado que en su rubro no se podía hacer teletrabajo pero, incluso antes de la crisis sanitaria, la alta dirección de la Agencia junto al equipo de gestión de calidad, comenzaron a plantear la posibilidad de iniciar esta modalidad y a experimentar con algunas áreas, por lo que la obligación de implementarlo por la pandemia no la tomó por sorpresa. “A fines de marzo ya no había nadie en la oficina. Ha funcionado bastante bien y me siento contenta con el resultado, porque veo que el personal y equipos de trabajos están comprometidos”, comenta.

Afortunadamente, si bien la crisis ha provocado una baja en el volumen de trabajo, su agencia ha trabajado para incorporar más clientes lo que, junto a la estructuración de procesos de trabajo, ha permitido mantener la operación sin grandes contratiempos y sin tener que desvincular a ningún colaborador, algo que la enorgullece.

Sobre su participación como socia y mujer de la Cámara Aduanera, dice que “como agente necesitas estar representada, y me he dado cuenta de que este último tiempo hemos estado más unidos, nos están aportando más información y tenemos mucho apoyo cuando tenemos dificultades”.

Para el futuro, considera imprescindible trabajar para mejorar cada vez más, en controles, digitalización, capacitación de funcionarios y otras áreas.

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